José Raúl Linares Pérez
Ver a la modernidad como el idílico andar (flâuneur) por las calles de París, con sus “hermosos pasajes” y su refinado vagar, evoca a las pasiones más sublimes de la burguesía, cuyas aspiraciones volvieron a esta ciudad monumento y a la vez, las ruinas más viles de su propia empresa. El romanticismo de la ilusión del progreso expresado plásticamente en esta metrópoli, no puede ser más que una alegoría malsana que lleva implícitamente su propia antinomia, un sueño frustrado, tormenta y ruinas que inspiraron a la bohemia poseía de Baudelaire, la pesadilla de Fourier y el célebre Das Passagen-Werk de Walter Benjamin (1). Los tres, hombres cuyo discurso crítico arrastraron tras de sí hasta el final de sus días, vieron en su mirada no sólo un cumulo de edificios, sino el proyecto que esta urbe elevaría para “toda la humanidad”.
La melancolía que se encuentra en cada una de las palabras de estos personajes, son un lamento por lo que ya era irreversiblemente insalvable, supieron que se avecinaba algo más, distinto a lo que se tomaba como real. Aquellos esfuerzos de occidente por montarse una máscara de belleza y bondad con la que llevaron su colonización a los distintos lugares del mundo, les hicieron apostar a que “la legalidad”, la “libertad”, la “democracia”, la “justicia” y la “razón”, serían sus armas de lanza para imponer su propia concepción a los “otros”, a los “distintos”, a los “salvajes”. En cambio atrás de esa hermosa mascara con la que se ocultaron durante mucho tiempo, se reveló su verdadero rostro, aquel del evangelio de Pizarro y Cortés en versión multinacional, la brutalidad y el sadismo, la coprofagia con la que se excita la maquinaria del sistema capitalista.
La alegoría sobre esta cara, no pudo encontrar mejor expresión que en la obra de Jean Luc Godard, Weekend (2). La película que realizó un año antes de las míticas jornadas del 68 relata la vida de dos parejas burguesas de esta época totalmente degradas y con ello subordinando todos los medios para lograr sus fines. La fragmentariedad se conjuga en imágenes lentas y con algunas citas de filósofos y pensadores como Hegel, Engels, Aimé Césaire y Bataille. Podemos pensarla como una excelente sátira, el sentido del humor gris y las perversiones llevadas al nivel cómico son constantes. Podemos pensarla como un ensayo o como el preámbulo al asco y la decadencia, –la enfermedad según Friedrich Nietzsche– (3) que lo moderno produce hoy. Pero no podemos olvidar que marca el inicio de la traición de la “racionalidad” occidental, ahí aparecen ya, las figuras que muestran estampas sobre un nihilismo del capitalismo y lo contradictorio de lo euro-céntrico. La “emergencia” de lo “otro” renueva y desconstruye la geografía, la disuelve hasta volverla poco clara pero a la vez no menos difusa.
La locura se materializa de varias maneras, en la película se encuentra presente la continua violencia y las piezas fragmentadas que hacen una clara referencia al colapso de la idea del progreso: carros volteados y quemados, simbolizan a éste. No hay pues, ningún momento en el que el Pathos (4) de la ilustración y la forma burguesa que representa, no sea ironizada de forma sistemática, desde la idea musical, la poesía romántica propia de los festines aristócratas y sus formas plásticas, hasta los buenos modales de los que Norbert Elias (5) caracterizó como el nacimiento de los “modales en la mesa”, son sugestionados y en lugar de ellos se pone la imagen de la antropofagia y lo sádico de la cocina sexual. La desconstrucción alcanza un punto álgido y es estructurado como alegoría en piezas fragmentadas de un inmenso rompecabezas que concatenadas presuponen la decadencia, sus propios valores son remplazados por la histeria “revolucionaria”, pero aquella empresa no puede ser más que un constructo de su misma enfermedad envuelta en papel de la filantropía justiciera.
La vieja suposición que en el pasado utilizó occidente como una forma de construcción de su andamiaje retorico, en el que los derechos del hombre y el establecimiento de la razón como paradigma incendiario recorrieron al SUR, con su representación onírica y lejana que produjo nuevas guerras de conquista. Son puestas en evidencia en este film, cuando las palabras de Aimé Césaire son reproducidas en extenso, no sin antes poner en boga al nazismo cuando un hombre menciona “Aplico la misma ley que las petroleras en Argelia. ¿Qué ley? La ley del beso y la patada en el culo”; más adelante el texto del poeta francés que recientemente acaba de fallecer, son citadas mientras un hombre negro cede la palabra para que “otros hablen por él”: Mi hermano mayor va decir lo que yo pienso… El nazismo, que hizo resurgir métodos de tortura y de genocidio venidos del pasado. Los países más inmediatamente amenazados por el nazismo formaron una alianza, para literalmente quebrar la columna vertebral del nazismo para extirpar el mal de raíz... Los pueblos africanos también deben de recordar que ellos también sufrieron una forma de nazismo, una forma de explotación de hambre, de extermino físico y espiritual… (6)
Por lo tanto, la ruptura y la ironía entran en juego, pues tanto la representación muestra sarcasmo y la necesidad de un “desplazamiento discursivo”(7). Ahí el nazismo no es como muchos presuponen, una interrupción al continuum del progreso (8), sino su misma continuación. La muerte de aquellos valores que crearon al Estado liberal, hoy no son más que las ruinas acumuladas por sus mismos promotores. La última imagen de la película de Godard, en la que sale el amante de la protagonista y ella sentados en la selva comiendo carne, la carne de su esposo; no puede ser contrario a la decadencia, aunque en forma de revolucionaria, es una muestra de un proyecto fracasado y la inversión de sus valores originales en pro de la empresa material capitalista; los que se mostraron como víctimas del nacional socialismo, crearon a la violencia contra los “otros” su forma de construcción con la que creció su mismo proyecto. ¿No lo “civilizado universal” era únicamente lo occidental como lo afirmaba el mismo Max Weber?
Por lo tanto aquello que invertido, presupone una identidad decadente, nos conduce irremediablemente a la concepción de la “no-identidad” (9) como forma de contraposición a esa identidad decadente. De una forma de negación de lo que en apariencia, aparece como bello pero en realidad se encuentra infectado por el Pathos. ¿O acaso no el predicado que la burguesía europea alguna vez consideró universal y “bello”, con su noción de estética y racionalidad constituyo la identidad de la modernidad? Es ahí cuando las contradicciones se esparcen como una lógica de constitución de todo el proyecto en conjunto, la forma de autoafirmación y resistencia se encuentra en la “no identidad” con aquello que como enfermedad nos destruye como humanidad.
Notas:
(1) Recientemente acaba de aparecer una versión en español de este texto benjamiano que algunos autores consideran su obra maestra, para ahondar más en este texto y su visión alegórica del flâuneur (vagar), puede buscarse la obra como: Walter Benjamin, El libro de los pasajes, Ed. Akal, Madrid, 2005.
(2) Jean Luc Godard, Weekend, ed. ¿?, Francia, 1967.
(3) El problema de la enfermedad (pathos) como lo plantea Nietzsche, surge de la religión cristiana, de una cosificación de orden teológica, sin embargo si se traslada al plano mercantil, podemos experimentar con un sinfín de interpretaciones sobre el fetichismo y la enajenación planteada por Marx en El Capital y algunos textos de su juventud. Friedrich Nietzsche, El Anticristo, Grupo ed. Tomo, 2008. (pp. 13 – 21)
(4) Norbert Elias, La sociedad cortesana, ed. Fondo de Cultura Económica, México, 1987.
(5) Ibíd. (Nietzsche)
(6) Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, ed. Akal, Madrid, 2006.
(7) Esta posición sobre el hecho de que 1968 significo no sólo “un colapso” de los valores defendido por occidente, sino también la re significación de los saberes subalternos, de la propia y latente desintegración del discurso hegemónico. Este concepto, está defendido por el “Equipo de estudios post coloniales”. Aunque en realidad la proposición del estudio de la subalternidad fue propuesto por Antonio Gramsci en su célebre cuaderno del cautiverio nombrado arbitrariamente El Risorgimento. Sobre el tema del “desplazamiento discursivo”, puede consultarse el ensayo de: Gayatri Chakravorty Spivak, Estudios sobre la subalternidad. Desconstruyendo la historiografía, en el libro compilado de Estudios postcoloniales. Ensayos fundamentales, pp. 33 - 67, cuya versión electrónica se encuentra en la página: www.caosmosis.net
(8) Walter Benjamin, Tesis sobre la historia y otros fragmentos, ed. Contrahistorias, México, 2005.
(9) Esta discusión puede encontrarse en la posición que defendió Theodor W. Adorno en su ensayo de Dialéctica negativa, cuando en pleno apogeo de las insurrecciones estudiantiles de 1968 propuso una defensa del método dialéctico. Para hacer una diferencia de lo que sucedía tanto en la unión soviética y en el mundo occidental con su propuesta de modernidad capitalista, él hizo una crítica de la dialéctica propuesta por Hegel de la síntesis positiva universal. En donde la identidad hegeliana aparecía como la des-enajenación material para desembocar en la síntesis espiritual y total. El “materialismo histórico” defendido por la Unión Soviética decía que para borrar la cosificación era necesaria la instauración del “socialismo real”, desembocando en una síntesis legitimadora de sus acciones estalinistas. En cambio lo que propone Adorno, es que tanto lo materialmente tangible y la imagen del sujeto, son ambas condiciones naturalmente contradictorias, entonces para borrar la “apariencia” entre ambas, sería necesario que lo aparente sea sustituido con la afirmación de lo contrario, es decir con la subjetividad del negado. Para ahondar en la discusión puede consultarse Dialéctica negativa, ed. Taurus, Madrid, 1987, del mismo autor. O bien, el análisis de todo el libro en Negatividad y revolución. Theodor W. Adorno y la política, en coedición de la BUAP y Herramienta, Comp. John H., Fernando M. y Sergio T., México-Buenos Aires, 2007.
(Este ensayo fue preparado para una ocasión especial, pues el periódico Autonomía está próximo a cumplir su decimo aniversario y el texto va a aparecer publicado en sus páginas. Por si alguno de ustedes desea verlo impreso, muy pronto será puesto en circulación.)
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